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Esclava doméstica de Julio Poder

  • Foto del escritor: Jose Luis Gonzalez
    Jose Luis Gonzalez
  • 26 ago 2019
  • 1 Min. de lectura

Mía.

Sólo un maletero, cuerda y cloroformo.

Hasta que la muerte nos separe.

Los barrotes de mi mansión no lo harán.


Yo le deseaba.

Pero le rechacé.

Sólo quería que insistiera.

Y ahora mírame. Desnuda y encerrada.


No voy a tocarla.

Sé que ella me quiere.

Pero tendrá que ganárselo.

Empieza su entrenamiento.


Una esclava doméstica.

Una esposa perfecta y servicial.

Encerrada. Encadenada.

Por hoy, mañana y siempre.


Es mía.

Soy suya.




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